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“Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy humilde, y preciosa y casta.” San Francisco de Asís
En el Día Mundial del Agua, recordamos las palabras de Jesús: “Yo soy el agua Viva” (Juan, 4: 10-14). La frase de Jesús en su encuentro con la Samaritana junto al pozo de Jacob no es la única referencia al agua que podemos encontrar en los Evangelios y en el Antiguo Testamento. En realidad, el agua es un símbolo esencial en nuestra espiritualidad. En la Encíclica Laudato si’, el Papa Francisco recalca la importancia que tiene el agua: “Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.” Ello nos recuerda la importancia bidimensional del agua como fuente de vida espiritual y física. No resulta un misterio que el planeta depende del agua, así como el clima, los seres vivos, los ecosistemas, y la naturaleza en general.

La pobreza está vinculada a la carencia de agua. Naciones Unidas ha señalado en numerosas oportunidades que el desarrollo humano y productivo dependen del agua. En ese sentido, el acceso al agua limpia es un indicador de justicia social. Pero el agua no solo es primordial para la subsistencia humana, sino también para la cultura. Para muchos pueblos indígenas, el agua es un ser espiritual que debemos cuidar. A pesar de esta exigencia, en los últimos años la situación crítica del agua en diversas regiones del planeta se ha agudizado. No solo tenemos casos extremos de escasez hídrica, sino también eventos extremos incontrolables relacionados con la contaminación del medio ambiente y los cambios en el clima que tienen como saldo muchas vidas humanas y la devastación de la naturaleza.
El agua cubre el 70% de la Tierra, pero este porcentaje solo representa el 1/1000 del volumen de la Tierra. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, hay más de 1.386.000.000 de kilómetros cúbicos (332.519.000 millas cúbicas) de agua en el planeta. De este volumen, el 97,5% es agua salada y el 2,5% agua dulce, aunque es apta para el consumo humano y usos antropogénicos solo el 1,77% del agua en la superficie terrestre y almacenada en ríos, lagos, embalses artificiales, arroyos, estanques, casquetes polares, glaciares, nieves permanentes, agua de lluvia de escorrentía, humedad del suelo, etc. De acuerdo con el IV Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo (2012), el volumen global de agua subterránea almacenada se estima entre 15,3 a 60 millones de km3, de los cuales dependen 2500 millones de personas en todo el mundo.

Si hablamos del uso antropogénico del agua, recordemos que el uso doméstico se estima en 14%, el uso agrícola y pecuario en 70%, el uso industrial, minero y energético llega a 14%, entre otros. De acuerdo con el Banco Mundial (2023), considerando las prácticas actuales, para 2030 la diferencia entre la demanda prevista y el suministro de agua disponible en el mundo será del 40%. Para alimentar a 10 000 millones de personas en 2050 será necesario aumentar un 50 % la producción agrícola que ya consume el 70% del recurso e incrementar la extracción de agua un 15%. Más del 40% de la población mundial vive en zonas donde el agua escasea, y aproximadamente una cuarta parte del producto interno bruto mundial tiene este problema. Para 2040, uno de cada cuatro niños vivirá en zonas con escasez de agua extrema. El informe de UNWater y Unesco de (2023), señalaban que a nivel mundial el uso del agua ha venido aumentando aproximadamente un 1% al año durante los últimos 40 años. A causa del crecimiento demográfico, el desarrollo socioeconómico y los cambios en los patrones de consumo, la demanda de agua seguirá creciendo hasta 2050.
El Primer Informe de la ONU sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo (2003) advertía que “Un niño nacido en el mundo desarrollado consume entre 30 y 50 veces más agua que otro nacido en países en desarrollo.” Algunos años después, el Reporte de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (2006) mencionaba que “la crisis mundial del agua no se debe a la disponibilidad física de agua, sino a las relaciones de poder inequitativas, la pobreza y las desigualdades.” Ello se refleja en los diferendos sobre el agua entre países con cuencas transfronterizas. En efecto, se han reportado controversias en el 60% de las 310 cuencas fluviales internacionales.
A la desigualdad se añade la depredación de la naturaleza que tiene un impacto directo sobre las fuentes de agua. Algunas de las amenazas que ponen en riesgo el agua son: 1) Degradación del medio ambiente: escasez de agua y estrés hídrico, contaminación de fuentes de agua, crecimiento urbano, menos áreas verdes. Se ha reportado que desde 1950 hasta el año 2022, se han producido 81 derrames de petróleo en el mar; 2) Las actividades antropogénicas: quema de combustibles fósiles, deforestación, agricultura y ganadería. La agroindustria demanda agua en lugares donde ya existe escasez, uso de fertilizantes, procesos industriales (agua virtual), minería a cielo abierto e informal, industria petrolera y gasífera, generación de energía nuclear, incineradoras de residuos; 3) El cambio climático: deglaciación, desastres naturales, calentamiento global; 4) Las guerras: existen fuentes de agua dulce destruidas en Palestina, Líbano, Irán, Ucrania, Rusia. El Banco Mundial señala que las repercusiones de las mismas sobre las fuentes de agua afectarán a los más pobres y vulnerables.

En Laudato si’, Francisco advierte que: “El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos. Las fuentes de agua dulce abastecen a sectores sanitarios, agropecuarios e industriales. La provisión de agua permaneció relativamente constante durante mucho tiempo, pero ahora en muchos lugares la de manda supera a la oferta sostenible, con graves consecuencias a corto y largo término.” Todos los países de rentas bajas, medias o altas muestran señales de alerta con relación a la calidad del agua. El Objetivo de Desarrollo 6 indica que se debe garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Sin embargo, a nivel mundial, el estrés hídrico llega a 17%. En zonas de Asia y África ya supera el 70%. Según el Instituto de Recursos Mundiales, una tercera parte del planeta gasta en promedio más del 40% de los recursos disponibles de agua (Fundación Aquae, 2025). En Perú, el 10% la población peruana no tiene agua potable y 23% no accede al alcantarillado (ONU, 2023), mientras que, en regiones como Loreto, tan solo el 50% de la población tiene servicios de agua potable. La escasa calidad del agua ambiental en los países de rentas bajas suele ir asociada a un tratamiento insuficiente de las aguas residuales. En los países de rentas altas, las escorrentías agrícolas constituyen un problema más grave para la calidad del agua.
Francisco también denunció en Laudato si’: “el calentamiento tiene efectos sobre el ciclo del carbono. Crea un círculo vicioso que agrava aún más la situación, y que afectará la disponibilidad de recursos imprescindibles como el agua potable, la energía y la producción agrícola de las zonas más cálidas, y provocará la extinción de parte de la biodiversidad del planeta.” Ciertamente, el cambio climático se manifiesta a través del agua. Nueve de cada diez desastres naturales se relacionan con el agua y cada año se incrementan no solo en intensidad sino también en cantidad. Los riesgos climáticos vinculados con el agua se propagan a través de los sistemas alimentarios, energéticos, urbanos y ambientales. El Banco Mundial (2023) señala que las inundaciones provocan daños por un valor de USD 120 000 millones al año solo en daños a la propiedad. Otro evento extremo como las sequías también imponen limitaciones a los más pobres en zonas rurales.

Ante este crítico panorama sobre la situación del agua en el mundo, Francisco llama la atención sobre la grave deuda social que tenemos con los pobres que no tienen acceso al agua potable porque eso implica negar su derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Una mayor escasez de agua provocará el aumento del costo de los alimentos y de distintos productos que dependen de su uso. Es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo. En ese sentido, en Laudato si’, propone que “Para afrontar los problemas de fondo, que no pueden ser resueltos por acciones de países aislados, es indispensable un consenso mundial que lleve, por ejemplo, a programar una agricultura sostenible y diversificada, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a fomentar una mayor eficiencia energética, a promover una gestión más adecuada de los recursos forestales y marinos, a asegurar a todos el acceso al agua potable”.

Además, brinda una hoja de ruta para empezar una gestión sostenible y equitativa del agua desde nuestros propios ámbitos: “La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano.”
Por ello, al recordar que “Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios” (Francisco, Laudato si’, 2015), podemos contribuir a hacer de nuestra casa común el sueño de Jesús, el papa Francisco y quienes luchamos por los más vulnerables, por la naturaleza y por el agua. Unamos nuestras manos con este propósito.
Riesgos de escasez hídrica por países.

Créditos de las imágenes: Julia Volk, IDEHPUCP, Gestión, Church MT, Comafors