Artículo de reflexión | Día de la Madre: de gestadoras a potenciadoras de la vida

10/5/2026

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“La Iglesia reconoce el indispensable aporte de la mujer en la sociedad, con una sensibilidad, una intuición y unas capacidades peculiares que suelen ser más propias de las mujeres que de los varones.” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 103)

El día de la Madre, un día para pensar y reconocer la labor de las mujeres en el cuidado de la vida desde su inicio, se ha convertido con el tiempo en una de las fechas más importantes para el comercio. Un comercio que se sirve de imágenes que proyectan la dulzura de la mujer, su incondicionalidad, su sacrificio y su desvivirse para los demás; son imágenes que venden más que otras. No obstante, queda en imágenes difuminadas, porque no venden, aquellos rostros de mujeres que siendo madres aportan en el día a día desde un espacio local y/o laboral a la sociedad, a la cultura, al desarrollo del país, al pensamiento, a la comprensión del ser humano y de la fe, a la ciencia y tecnología, a la defensa de la vida y de la Tierra, etc.

Frente a esta realidad que maquilla el ser madres, este espacio quiere visibilizar a aquellas que han sabido entretejer su vida entre la casa/familia y su labor en la academia: dos espacios distintos, pero con capacidad para potenciar lo humano profundo que somos. Dos espacios para crecer y hacer crecer. Por eso, no es extraño ver como cada vez más mujeres alcanzan espacios de liderazgo en universidades como la PUCP. En este sentido, ser madres no es solo una experiencia biológica, sino una experiencia social, una forma de situarse en el mundo desde el cuidado, pero compartido; desde la responsabilidad, pero con solidaridad y desde la generación de vida, pero desde la formación integral que la significa. 

Esta experiencia adquiere una profundidad singular cuando se concreta aún más. Por ejemplo, cuando se articula el ser mujer, madre, teóloga y docente. Esta experiencia se convierte en una fuente de reflexión crítica y encarnada en la vida, la dignidad, la justicia y el sentido último de la existencia. Y, en las aulas de la universidad, esta experiencia múltiple se traduce en una labor que no solo transmite conocimientos, sino que forma personas con sensibilidad ética y compromiso social en favor de la vida. Esto es posible, porque la teología que ayuda a comprender a Dios como dador de vida, brota desde la vida misma de la gente: en su relacionalidad, en la capacidad para crear vínculos, en la apertura al otro, en sus gozos y en sus crisis; y no desde la distancia, sino desde la cercanía solidaria.

Ser teóloga y madre no solo ayuda a comprender mejor la imagen teológica de un Dios que tiene entrañas de misericordia, un Dios que gesta la vida y la protege como una gallina lo hace con sus polluelos (Lc 13, 34), un Dios que camina con su pueblo bajo la labor del cuidado frente al mal (Ex 13, 21-22); ayuda también a comprender al ser humano desde la corresponsabilidad que tenemos de cuidar la vida hacia su plenitud y que eso pasa también por la formación integral en un espacio tan personal como social como lo es una universidad. Ayuda a formar, en la capacidad de cuidado desde las distintas disciplinas. En esta línea, la experiencia de ser madre y académica también puede ofrecer a la Universidad un espacio para repensarse como una comunidad que no solo produce conocimiento, sino que también cuida la vida en todas sus dimensiones. Es capaz de ofrecer a la Universidad un horizonte más humano y justo, tanto como potenciador de vida plena. Desde el cuidado como valor social, también emerge la posibilidad de ayudar a comprendernos en medio de nuestra realidad y sus desafíos cómo son la pobreza, la desigualdad y la crisis de sentido.

En esta fecha del día de la Madre, hay que reconocer que la vocación de serlo se nutre de todas las demás facetas de la vida. Ser mujer, teóloga y docente no son roles aislados, sino dimensiones de una misma persona que desde allí marca su identidad y desde donde contribuye al mundo. Desde ese lugar, celebro la maternidad como una forma profunda y concreta de amar que también puede ser pensada, reflexionada y compartida.

Créditos de las imágenes: P. Maximino Cerezo, PuntoEdu, Departamento Académico de Teología, Pixabay, Revista Christus