Artículo de análisis | Maximino Cerezo: el muralista del Dios liberador

26/2/2026

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El pasado 20 de febrero, falleció en Madrid el padre Maximino “Mino” Cerezo Barredo, CMF. Nacido en Villaviciosa (Asturias, España) en 1932, fue un sacerdote misionero claretiano reconocido por su prolífico trabajo como muralista y dibujante. Luego de un breve paso por Filipinas, en 1970 se insertó en la realidad de América Latina, donde fue misionero en Juanjuí, en la selva del Perú, durante una década. En un contexto de profundos cambios sociales y eclesiales, Cerezo supo palpar la espiritualidad del pueblo latinoamericano y transformarla en murales que reflejaran cómo se vive y se cree en este subcontinente. Así, unió su trabajo artístico a su ministerio sacerdotal.

La obra pictórica de Cerezo es valiosa no solo por su valor estético, sino también por su función pastoral, al servicio de la evangelización de los pueblos de América Latina. Sus murales interpelan a la conciencia cristiana sobre el Dios liberador en quien se cree y sobre la manera concreta en que se vive la fe en la historia. Al contemplarlos, ayudan a orar y a reflexionar sobre las enseñanzas de Jesús en los evangelios y sobre las actitudes humanas que se practican y se rechazan a partir de su seguimiento. Como señala el obispo de Iquitos, Miguel Ángel Cadenas, OSA, “el arte, cuando es arte, trasciende la mera cotidianidad y se sitúa por encima del utilitarismo. Y, en algunos casos, propone la Trascendencia, como lo hizo el P. Mino”.

Sus pinturas representan a un Dios que se revela en los diversos rostros de los pobres y marginados de nuestra región, marcada por la desigualdad, la miseria, el hambre y la muerte prematura e injusta. En medio de esa cruda realidad, irrumpe la figura de Jesús de Nazaret como un mensaje de liberación integral para la humanidad: un llamado a dignificar la vida y a solidarizarnos con los demás. Maximino Cerezo no necesitó inventar los personajes retratados: su inserción en la realidad del pueblo pobre y creyente fue la fuente de la que bebió para retratar sus rostros y sus historias en sus murales. 

Además, los trazos y colores de sus pinturas nos hablan de una fe que se encarna en la cultura de los pueblos americanos: andinos, amazónicos, afroamericanos. Su obra refleja una fe inculturada que toca al mismo Cristo, a la Virgen María y a los santos: su misión los lleva a asumir la carne latinoamericana. Lo decía Benedicto XVI en Aparecida (Brasil): “El Verbo de Dios, haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura”. Así, el padre Mino contribuyó, a través del arte, a dar una identidad propia a una forma de creer en el Dios de Jesús, a partir de las luchas y esperanzas de los hombres y mujeres de nuestra región.

Una de sus obras, titulada “Bienaventuranzas de San Lucas en América Latina” (1980), se encuentra en la parroquia San Miguel Arcángel de Maranga, en el distrito limeño de San Miguel. Se trata de dos murales en formato díptico que circundan el altar mayor del templo. En el mural de la izquierda se observa a Jesús extendiendo sus brazos de par en par hacia personas que padecen situaciones de oprobio y muerte, como obreros marginados, un encarcelado cuyo brazo se asoma tras las rejas, un hombre asesinado por un fusil y unas madres que lloran por la muerte de sus pequeños hijos. El brazo del hombre en prisión y el fusil que atraviesa a un hombre muerto forman una cruz y asemejan la mano de Cristo traspasada por un clavo. En contraste, el mural de la derecha impacta porque muestra a Jesús rechazando actitudes antievangélicas: les da la espalda y extiende el brazo, apartándose de los ricos y poderosos que se reparten riquezas y poder sin compadecerse de la situación de sus hermanos. Pese a ellos, Jesús es la luz que ilumina el discernimiento de uno de ellos, el publicano Zaqueo, quien lo mira pensativo desde la copa de un árbol. Así, Cerezo retrata las Bienaventuranzas hacia los pobres según el evangelio de Lucas 6, 20-26 y las consecuentes lamentaciones que dirige hacia los ricos desde la realidad de América Latina.

El padre Maximino Cerezo deja una estela de obras en diversos países de América Latina, así como en su España natal. Con él, la teología de la liberación no solo dio a luz escritos y acción pastoral, sino también arte contemplativo y acompañante. Su vida y obra son un llamado a que la Iglesia rescate la belleza evangelizadora de la expresión artística. Como señala monseñor Cadenas, “necesitamos artistas que, recogiendo la rica tradición de la Iglesia, dialoguen con los hombres y las mujeres de hoy”.

1 Post de Facebook del Monseñor Miguel Angel Cadenas

2 Ibid

Créditos de imágenes: Religión digital, Misioneros claretianos, El Salvador Misionero, Ibicla